La decisión no dejó lugar a dudas: El 5 de noviembre de 2006, 16 años después de su derrota como jefe de Estado sandinista, Daniel Ortega ganó las elecciones presidenciales en Nicaragua, con un 37,99% de los votos. Fue su cuarto intento desde principios de los años 90. El candidato del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) salió con una clara ventaja frente a sus competidores. Eduardo Montealegre, candidato conservador de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), obtuvo el 28,30% de los votos. El candidato del partido liberal gobernante, José Rizo, alcanzó el 27,11%, y Edmundo Jarquín del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) tan sólo el 6,29%1. Cerca del 67% de las 3,6 millones de personas con derecho de voto acudió a las urnas.
Se trata de una participación electoral muy alta, en comparación con otros Estados latinoamericanos. Sin embargo, las abstenciones aumentaron en más del 30% en relación a elecciones anteriores. No obstante, el instituto de investigación independiente, IPADE2, destaca en su análisis de la calidad del registro electoral que hay que contemplar estas cifras con prudencia. “En el registro se encuentran 400.000 ciudadanos que ahora viven en el extranjero, 100.000 de las personas registradas han fallecido, en 200.000 casos no se recogieron o no se entregaron credenciales de elector o documentos alternativos, así que podemos partir de alrededor de 2,8 millones de registros válidos.” Contrapartes de la FHB agregan que las instituciones estatales como el CSE (Consejo Supremo Electoral) son controladas por el ganador de las elecciones (FSLN) y su aliado liberal (PLC), lo cual ha perjudicado a los pequeños partidos. “En casi todo el país, las urnas electorales abrieron con grandes retrasos, y en muchos casos cerraron antes de las 6 de la tarde, pero los observadores internacionales llegaron a la conclusión de que esto era normal”, afirman activistas políticos en Nicaragua.
Según la opinión unánime de los observadores, la votación fue “lenta pero limpia”.
“Nuestra apreciación es que no queda ninguna duda sobre la integridad de las elecciones“, afirmó por ejemplo Jimmy Carter, ex presidente estadounidense y observador electoral experto. También Claudio Fava, dirigente italiano de la misión observadora de la Unión Europea, habla de un “logro significativo para el pueblo de Nicaragua”.
Después de su triunfo, Ortega recibió inmediatamente las felicitaciones del presidente venezolano Hugo Chávez y del jefe de Estado cubano Fidel Castro. “La grandiosa victoria sandinista llena de alegría a nuestro pueblo y a la vez llena de oprobio al Gobierno terrorista y genocida de Estados Unidos”, dijo Castro en su telegrama. Desde el punto de vista geopolítico, la victoria del antiguo guerrillero efectivamente parece influir en la relación de fuerzas, perjudicando a los Estados Unidos. Por lo tanto, Washington emitió palabras reconciliadoras: “Esperamos establecer relaciones positivas con el Sr. Ortega y su nuevo gobierno”, afirmó Sean McCormack, vocero del gobierno estadounidense. Ya existiría una base común y sólida gracias a tratados existentes como el acuerdo de libre comercio CAFTA. El Council of Hemispheric Affairs (COHA), un think tank estadounidense liberal izquierdista, interpreta la discreción del gobierno de Washington como reflejo del hecho de que las relaciones de los EE.UU. con la parte austral del continente “se encuentran en la fase más crítica del siglo”. Por lo tanto, Washington tendría que
“manifestar madurez” y aceptar la decisión del electorado.
1 El Nuevo Herald, 16/11/2006, Conteo final del CSE
2 IPADE, nota de prensa, 07/11/2006
Sobre todo las reacciones del empresariado nicaragüense y del sector bancario son reveladoras. La asociación de bancos privados de Nicaragua, ASOBANP, y el empresario probablemente más famoso del país, Carlos Pellas, poseedor de 50 empresas del grupo Pellas, es decir dueño de buena parte del país, aprobaron, después de encuentros con el ganador electoral, la “clara manifestación del presidente electo con el modelo macroeconómico, lógicamente invirtiendo más en el país”. Tras primeras conversaciones entre Ortega y representantes del Consejo Superior de la Empresa Privada, COSEP, su presidente Edwin Krüger aclaró que si bien el político del FSLN estaba preocupado por la pobreza, respetaba las “leyes y capacidades del mercado”. No hay que esperar cambios de rumbo a corto plazo: el 15 de diciembre expira un acuerdo con el FMI. El fondo exige nuevas medidas para reducir el endeudamiento, las cuales serían irreconciliables con el incremento de inversiones en los ámbitos de educación y salud que prometió el Frente.
Ortega ya se ha mostrado abierto, “en el interés de Nicaragua”.
Ya durante la última década de gobierno liberal, los empresarios y el gobierno habían prometido trabajar por el bienestar de la población nicaragüense y en el interés del país. Sin embargo, la realidad se ve muy diferente. Mientras que la tasa de analfabetismo se redujo al 12 % durante la revolución sandinista, hoy se eleva al 40%. El desempleo se triplicó, y debido a la privatización del sistema educativo, actualmente 800.000 niños no tienen acceso a una escuela, según indicaciones gubernamentales. Después de 16 años de gobierno liberal, el país cayó de la posición 69 a la posición 128 en el índice sobre el estándar de vida establecido por las Naciones Unidas. El segundo Estado más pobre de América Latina presenta “hoy en día más pobres en cifras absolutas, casi un millón de nicaragüenses tuvo que emigrar a los Estados Unidos en búsqueda de trabajo”, resume Manuel Ortega Hegg, sociólogo de la Universidad Centroamericana UCA. En este contexto, destaca que el país “en todos estos años desde 1990 se sometió a las
imposiciones del FMI y de otras organizaciones multilaterales”.
Las reacciones, en parte sorprendentes, a la victoria electoral de Ortega permite rincipalmente una conclusión: tanto la derecha como la izquierda trata de encajar al exguerrillero de manera simplista. Los señalamientos del político del FSLN en cuanto a la política económica evidencian, que no hay que esperar que se aleje del modelo liberal practicado durante los últimos 16 años. Sin embargo, muchos representantes de la izquierda latinoamericana no llegan a disociar el Frente de un proyecto económico alternativo y una política progresista. Por otra parte, la derecha, sobre todo la embajada estadounidense durante la campaña electoral, fomenta precisamente esta idea errónea para evocar los demonios del pasado. Los lugares comunes que se relacionan con Ortega, en parte idealizados históricamente, llevan a que a final de cuentas, Chávez y Castro se alegren de la victoria danielista de igual manera que los bancarios y empresarios nicaragüenses. Éstos últimos son de los pocos que tienen una idea bastante acertada de la política real de Daniel Ortega. Un retroceso para la „dictadura bipartidista“ primera vista, el resultado del FSLN parece más glorioso de lo que realmente es. En los hechos, lo que permitió ganar a Ortega fue precisamente aquel “pacto” que concluyó con el ex presidente Arnoldo Alemán (PLC). En 1999, durante el gobierno de Alemán, los dos se habían reservado el control de instituciones centrales, a saber del Tribunal de Cuentas, la Suprema Corte y el Consejo Supremo Electoral. Ortega podrá asumir directamente la presidencia, gracias a la reforma constitucional, impuesta por él mismo, y las modificaciones en la Ley Electoral. No tiene que enfrentar una segunda vuelta electoral, ya que el 35% de los votos (antes de la reforma era el 45%) fue suficiente para ganar los comicios presidenciales – a condición de que el segundo candidato más fuerte tuviera una desventaja de más del 5%. Es decir que en este intento de ser reelecto como presidente de Nicaragua practicamente se anuló la segunda vuelta electoral, en la Ortega hubiera
corrido el riesgo de perder, como sucedió en las votaciones anteriores.
En los hechos, “este porcentaje de voto presidencial es el más bajo obtenido por un residente en Nicaragua en los últimos veinte años”, menciona preocupado el antiguo redactor jefe del periódico sandinista “La Barricada”, Carlos F. Chamorro. Manuel Ortega egg es breve: “En 2001, Daniel Ortega obtuvo el 42,3% de los votos, y perdió. Hoy gana con el 38%.” También Fava, el dirigente de la comisión observadora de la Unión Europea, critica que la victoria electoral se pueda atribuir, entre otros factores, a “las reformas (más recientes) de la Ley Electoral que están diseñadas para un sistema político bipartidista, lo cual no favorece la participación de nuevas fuerzas políticas organizadas en partidos”3. El eurodiputado proclamó una reforma de las reformas. Además, el „Frente “se benefició del hecho de enfrentarse a un campo derechista-liberal fragmentado. Mientras que pudo ganar la gran mayoría de los votantes fijos sandinistas,
los votos del lado izquierdista – liberal, en su totalidad más fuerte, se repartieron con una relativa homogeneidad entre PLC y ALN. También aquí, el pacto entre Ortega y Alemán dio sus frutos. Hay que ver que fue esta alianza la que contribuyó de manera decisiva a que la ALN se separara del partido gobernante, el PLC. En cifras absolutas, los liberales pudieron incluso ganar 190.000 votos. En cambio, el FSLN no ganó ninguno, aunque la población con derecho de voto4 se incrementó en un 20% en el mismo periodo.
Los resultados de las elecciones parlamentarias, realizadas simultáneamente, coinciden en gran medida con los resultados de los comicios presidenciales. Ortega y el Frente encaran en el parlamento a una mayoría conservadora – liberal, que probablemente será apoyada puntualmente por los disidentes sandinistas del MRS. Si el FSLN quiere tener
capacidad de acción, o bien tiene que buscar una solución intermedia con todos los
partidos, o bien Ortega insiste en su pacto con Alemán. No se puede descartar la
continuación de esta alianza, pero los observadores políticos tratan de difundir el
optimismo. Es cierto que PLC y FSLN siguen constituyendo la mayoría, con lo cual
podrían continuar el pacto. Pero “por primera vez se rompe el sistema bipartidista de PLC y FSLN, y existen cuatro grupos parlamentarios”, explica el sociólogo Ortega Hegg. Según él, esta nueva composición refleja un nuevo pluralismo y una creciente necesidad de concertación para poder gobernar con legitimidad. El periodista Chamorro es otro en suponer, frente a la nueva composición del parlamento, que “el pacto será reemplazado por una dinámica pluripartidista como eje central”. De este modo, MRS y ALN podrían haberse acercado al objetivo de romper el pacto, a pesar de su derrota.
Razones de la victoria electoral de Ortega, más allá del pacto En su conversación con la FHB, el antiguo Ministro sandinista de economía, Alejandro Martínez Cuenca, menciona el factor decisivo. Cuenca es uno de los pocos protagonistas de la revolución sandinista que permanece fiel al Frente. “Ortega tiene un instinto infalible 3 El Nuevo Diario, 07/11/2006
En Nicaragua se puede votar a partir de los 16 años 5 Número de escaños: FSLN – 38, ALN 24, PCL- 25, MRS 5, AC-0.
de poder. Es un animal político”. Es decir que Ortega sabe perfectamente a quién dirigirse con qué palabras –casi independientemente de su política - , y sabe qué mensaje tendrá éxito a largo plazo.
Las repercusiones de 16 años de política neoliberal, ejercida en Nicaragua desde la derrota del sandinismo en 1990, sirvieron de terreno fértil para sus promesas populistas:
“Cero analfabetismo, cero desempleo, cero hambre.” Es el estilo de Ignacio Lula da Silva, doble ganador de los comicios presidenciales en Brasil. Ortega también se inspiró en el presidente boliviano Evo Morales: “Basta con los megasalarios de los ministros, basta con los minisalarios de los demás empleados”. De este modo, el futuro presidente parece denunciar la mentalidad de autoservicio de gobiernos anteriores, prometiendo más justicia en los salarios. El gobierno de Morales lo puso en práctica inmediatamente. Hay que observar muy bien, qué hará Ortega. Nadie que haya observado su actuación durante los últimos 15 años cree en estos lemas. Sin embargo, las múltiples declaraciones de guerra contra el “capitalismo salvaje” dieron en el blanco. Chamorro explica que, desde un análisis programático, el triunfo de Ortega refleja la gran necesidad del electorado de un cambio de rumbo en las políticas económica y social, y de una mayor consideración de la producción nacional pequeña y mediana. Según los primeros análisis, fueron principalmente los jóvenes desorientados los que confiaron en el partido. Se ve que el FSLN sigue representando para muchos votantes el abandono del paradigma neoliberal.
Es evidente que la campaña de la “reconciliación” con los antiguos enemigos y el lema consiguiente “Unida, Nicaragua triunfa” llamó la atención a muchos nicaragüenses. Un aspecto central que fortaleció a Ortega fue su acercamiento a la jerarquía de la iglesia católica. Junto con su esposa, Rosario Murillo, logró en un proceso de muchos años salvar a los nicaragüenses de un conflicto de lealtad. La población, en su mayoría socializada en un entorno estrictamente religioso, no fue obligada a “decidir” entre la opinión de una autoridad política y una autoridad moral. Todo lo contrario. El discurso de Ortega, cada vez más apoyado en la iglesia católica, pronunciado como sermón en los eventos electorales, le permitió presentarse como Mesías y “portador de salvación”, capaz de eliminar precisamente esta disyuntiva. Desde esta perspectiva, se entienden las puestas en escena religiosas de Ortega y Murillo, su esposa y consejera electoral, a las cuales los dos empezaron a recurrir ya mucho tiempo antes de las elecciones. Un ejemplo es la boda por la iglesia, celebrada por el cardenal Obando y Bravo, de la pareja que había vivido muchos años en unión libre. Otro son las reiteradas afirmaciones de Murillo en cuanto a su compromiso con la voluntad divina y su lucha en contra del derecho al aborto con indicación médica, actitudes ostentadas en público poco antes de las elecciones.
Provenientes de un movimiento izquierdista, Murillo y Ortega habían entendido en un
momento temprano que en muchos países de América Latina no es posible ganar
elecciones insistiendo en la idea de un Estado secular. Tomando esto como punto de partida, actuaron de manera coherente. El sociólogo nicaragüense Andrés Pérez
Baltodano llega a la conclusión de que “la idea de la secularización en América Latina
simplemente no tiene fundamento.” Menciona estudios del proyecto Pew Global Attitudes,
según los cuales entre el 60 y el 80% de la población latinoamericana opina que Dios
desempeña un papel “muy importante” en su vida. En Alemania, el porcentaje se elevaba
a un tercio. Según los resultados de otro estudio del año 2002, el 79% de la población en
Nicaragua está seguro de que lo que decide sobre el transcurso de su vida y la historia en
general, no es su voluntad personal, sino Dios.
Baltodano considera que esta sumisión personal es en esencia la misma con la cual
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también se aceptaron todos los impactos neoliberales de los últimos 16 años. “Esta
realidad se percibe como condición histórica, guiada por fuerzas alejadas del propio
pensamiento y de una actuación social organizada”, dice. Es una conciencia preparada
para aceptar las decisiones de un Dios que castiga a la humanidad con hambre,
terremotos o enfermedades, y estaría juzgada a percibir el mercado como castigo o precio
de una fuerza inmune ante la voluntad humana. Por lo tanto, Baltodano reprocha con
razón a la izquierda y a los politólogos subestimar totalmente el significado de la religión
para la relación de fuerzas dentro de la sociedad. Una política progresista tendría que
reanudar en este punto, rompiendo los “puentes discursivos” entre las culturas religiosa y
neoliberal. En cambio, Ortega hizo exactamente lo opuesto. Reconstruyó estos puentes
para estabilizar su poder.
Además, el antiguo jefe del movimiento contrarrevolucionario, Morales Carazo, se postuló
como candidato a la vicepresidencia para el Frente. Este hecho alivió el miedo de muchos
nicaragüenses ante un nuevo enfrentamiento agudizado contra Washington. El jefe del
grupo parlamentario del FSLN, Edwin Castro, resume: “Nos hemos aliado con el líder
político de los contrarrevolucionarios, contra quién más podríamos luchar”. Sin embargo,
sigue siendo sorprendente que aquellos que aprueban este curso de reconciliación
sistemáticamente pasen de alto la manera en la que el jefe del FSLN trata a los críticos
dentro de su propio partido.
Si Ortega aplica coherentemente su política de reconciliación a los lazos con la iglesia
católica descritos anteriormente, Nicaragua verá tiempos difíciles con respecto a las
políticas educativa, de salud y de familia.
Los resultados de los disidentes sandinistas – MRS
La única fuerza que se opuso a la creciente influencia de la iglesia en la política,
comprometiéndose con un Estado secular, fueron los disidentes sandinistas del MRS.
Representaban una posición políticamente progresiva, pero, como se expuso más
adelante, “sin fundamento“ en Nicaragua. Criticaban la alianza de Ortega con Obando y
Bravo, sumamente conservador, la orientación patriarcal de la política de familia, y el
estilo autoritario con el cual Ortega eliminaba a sus adversarios dentro del partido.
El electorado le dio relativamente poca confianza a esta opción de partido político, aún
muy joven (véase artículo “Sandinistas alternativos” en la página www.boell.de).
[Fundacion1](el 6,29% para el candidato presidencial y 5 escaños). El MRS registró un éxito
evidente en Managua, donde a la vez el FSLN tuvo que aceptar la pérdida de votos. El
MRS obtuvo la cantidad considerable de 80.000 votos. En comparación: el FSLN registró
217.000. Los renovadores sandinistas habían apostado principalmente por la población
urbana y joven. En provincia, los resultados del MRS fueron bajos. En regiones aisladas
como Río San Juan, el partido ni siquiera llegó a registrar el uno por ciento de los votos.
Fue una decepción áspera, pero sin embargo nada sorprendente, teniendo en cuenta la
Ley Electoral, el corto periodo de tiempo con que contaba el MRS para la campaña, y la
escasez de recursos dentro de una ardua competencia en un país que sigue polarizado
entre “liberales” y “sandinistas”. Manuel Ortega Hegg escribe lo siguiente: “El FSLN
dispone de una densa red en todo el país, lo cual contribuyó a que tomara control de 87
de las 153 administraciones municipales. Además, varias estaciones de radio y televisión,
tanto nacionales como regionales, están en manos del FSLN. Otros partidos no están en
esta situación; el Frente económicamente le lleva millones a otros partidos.”
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Por otra parte, es obvio que un alto porcentaje del potencial electorado del MRS optó por
la política real. Las encuestas no habían pronosticado la victoria de los disidentes
sandinistas, con lo cual es probable que una parte de los potenciales votos se haya
repartido entre Frente y ALN. Contrapartes de la FHB suponen que la ALN pudo ganar el
7 por ciento de los electores potenciales independientes del MRS para que emitieran un
“voto útil por Ortega”.
Las elecciones nicaragüenses desde la perspectiva de la teoría de democracia
En sus análisis electorales, el sociólogo Andrés Pérez Baltodano se pronuncia
explícitamente a favor de un concepto amplio de democracia (véase http://www.boelllatinoamerica.
org/download_es/Democracia_neoliberal_Nicaragua_PerezBaltodano.pdf).
Destaca que la democracia es por un lado la “maquinaria tecnológica” del sistema político,
es decir procesos formales como elecciones, referéndums, el funcionamiento del sistema
parlamentario, en fin, el funcionamiento de una democracia representativa. Por el otro
lado – nada menos importante –, la cuestión de la democracia implica, según él, alcanzar
un consenso dentro de la sociedad sobre la relación entre el Estado, el mercado y la
sociedad. El neoliberalismo como reflejo de una tal relación “intensificó la racionalidad
capitalista” en la región, convirtiendo el mercado en “eje rector de toda la vida en
sociedad”.
Este modelo neoliberal no solamente se ve apoyado en Nicaragua por prácticamente
todos los partidos, sino que también es aceptado ampliamente por la población, en
concordancia con la profunda religiosidad, la fe en la “divina providencia” y una cultura
pragmática-resignada de “conformarse con las condiciones”. Por lo tanto, la relación
inherente entre Estado, sociedad y mercado ya casi no se debate. Otro punto decisivo es
el hecho de que la gran mayoría de la sociedad no concibe la existencia de otro modelo
social, lo cual explica el alto consentimiento de la población nicaragüense a la
continuación abierta de las políticas económica y social practicadas por los gobiernos
liberales de la última década, en su resultado catastrófico (PLC y ALN la aprueban con el
55% en total). A la vez, una gran parte de la población nicaragüense, fortalecida por una
solidaridad internacional unánime, se dejó llevar por la utopía de que el FSLN provocara
un cambio en las políticas económica y social. Obviamente, esta utopía tiene también
razones históricas.
En el marco de este consenso básico, el objetivo tanto de la campaña electoral como de
los debates políticos consiste en administrar el sistema económico imperante de manera
mas democrática (MRS/ALN), o autoritaria (FSLN/PLC), corrupta (FSLN/PLC) o
transparente (aún habría que encontrar y poner a prueba a los protagonistas). Por lo
tanto, es coherente que las energías políticas del MRS en vísperas de las elecciones se
concentren en denunciar el “pacto antidemocrático”, las “reformas antidemocráticas de la
Ley Electoral”, las formas de poder de los “danielistas”, a saber denunciar los mecanismos
autoritarios del ejercicio de poder. Se requiere una redefinición de la relación entre
Estado, sociedad y mercado para poder denominar la problemática social del país, afirma
Baltodano. Este punto, aparte de la denuncia justificada del ejercicio autoritario de poder,
es esencial en la lucha por una Nicaragua más democrática. Nuevas fuerzas progresistas
tienen que dar respuestas a estas interrogantes.
Prácticamente se puede dar por hecho que el ganador de las elecciones presidenciales
en Nicaragua no emprenderá el camino de una redefinición de la relación entre mercado,
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Estado y sociedad. Es más probable que el gobierno sandinista entre 2007 y 2010 dé
continuidad a la política de los gobiernos anteriores. En los próximos años, el adolorido
país demostrará una vez más que la democracia representativa como sistema político
puede aceptar incluso las injusticias y desigualdades sociales más lacerantes.
COMENTARIO EN AUDIO
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Tema Extraido de:
http://boell-latinoamerica.org/download_es/Ortega_gana_las_elecciones_presidenciales_en_Nicaragua.pdf
















