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TESTIMONIO Nº 5
EL DIABLO ODIA LOS CASETES


"Entonces el demonio,
derribándole en medio de ellos,salio de él;
y no le hizo daño alguno"
Lucas 4:35

Por el Pastor Hugo R. Gambetta

Desde que regresamos a los Estados Unidos con retorno permanente, después de servir como misioneros en la Universidad Adventista de Centroamérica, en Costa Rica, nos ubicamos en Berrien Springs, Michigan, de regreso a la Universidad de Andrews para prepararnos mejor para el servicio a Dios. Allí pasaríamos los próximos tres años empeñados en las clases del doctorado mientras nuestros hijos se reajustaban a la vida en los Estados Unidos y aprendían de nuevo el inglés, después de 8 años de haber vivido en Centro América.

Una de las tareas más placenteras que me tocó realizar en la Universidad fue enseñar algunas materias como estudiante doctoral. Pero por lejos, lo que llenaba mi corazón y llegó a ser la pasión de mi vida, fue el aceptar invitaciones para ir a predicar el evangelio. Semanas de oración, campañas evangelísticas, reavivamientos y seminarios de instrucción para la hermandad, realizados a lo largo y ancho de todo el país y también en el extranjero.

Al darme cuenta que mi ministerio se proyectaba mucho más al dejar los temas grabados en manos de la hermandad, se comenzó a producir series de sermones en casetes audio, en video, y eventualmente, en discos compactos y DVD, que los hermanos solicitaban para usar en la obra misionera y para su propia edificación.

Así, estudiaba durante la semana y los fines de semana viajaba a predicar, siempre cargado con la preciosa carga de material para dejar en cada lugar donde Dios nos llamase a servir. Toda esta distribución de sermones grabados había de producir una abundante cosecha para el reino de los cielos. Y esto, obviamente, enfureció al enemigo de las almas.

Ya estando en Centroamérica había observado que sucedían cosas inexplicables con los casetes. Como por ejemplo, que series grabadas se borraran misteriosamente, que las toca-caseteras se estropearan y que las cintas se rompieran de una manera demasiado frecuente, aún usando el mejor material. Para muestra, un botón basta: el episodio con el amigo doctor de San Carlos, que al tratar de llevar una serie de temas para sus familiares, tuvimos que grabar la misma serie cuatro veces, ya que cada vez que trataban de escucharla, los casetes estaban vacíos, y esto después de haber probado que estuviesen bien grabados. Y el llegar al colmo de saltar el casete de la grabadora y quebrarse en el aire, como si una mano invisible lo hubiese partido. Y en verdad eso es lo que sucedía, demonios empeñados en impedir que el mensaje llegase a quienes debían escucharlo.

En un campestre o congreso de la hermandad adventista en Orlando, Florida, siendo que pasaría toda la semana predicando en la iglesia de Forest City, llevé las máquinas de reproducción de casetes para 
duplicar los temas solicitados. El pastor José Hernández, por entonces coordinador de la obra hispana en la Florida, tuvo a bien hospedarme en un hotel no muy lejos del lugar de las reuniones. Era un cuarto con dos ambientes. La sala y el dormitorio separados. Siendo que en la sala había un mostrador largo, instalé la duplicadora de casetes sobre el mueble y eché a andar la grabadora. El ciclo de grabación de alta velocidad dura unos 5 minutos, así que entre grabación y grabación me recostaba en el dormitorio para continuar mi lectura mientras escuchaba el sonido de la grabadora esperando que terminase el ciclo.

Todo marchaba bien, hasta que traté de reproducir la serie de temas titulada “Temas sobre la Muerte y el Espiritismo”. Tan pronto como eché a andar la duplicadora con el primer tema, se enredaron los casetes y se dañaron las cintas. Volví a colocar nuevos casetes y eché a andar la máquina. Me dirigí hacia el dormitorio para seguir la lectura, y acababa de recostarme cuando escucho que la duplicadora se detiene. Regreso a la sala y encuentro que la máquina está apagada. Trato de prenderla y no funciona. Entonces me doy cuenta que está desenchufada, el enchufe arrancado de la pared. Vuelvo a enchufarlo y echo a correr la grabación nuevamente. Era como si quien estaba molestando esperase a que yo me recostase en la cama para seguir mi lectura, para entonces hacer el daño. Nuevamente se detiene la grabación. Me levanto, esta vez ya mucho más preocupado y molesto, para encontrar que el cable, que acababa de enchufar en la pared, estaba nuevamente desenchufado, y esta vez cruzado por encima de la duplicadora, todavía bamboleándose frente al mostrador.

Tuve entonces que reconocer que lo que estaba sucediendo no era algo natural. Me había negado más de una vez a “autosugestionarme” de que algo sobrenatural estuviese sucediendo, buscando alguna explicación lógica a lo que estaba pasando. Pero esta vez, como sintiendo la presencia de alguien que me miraba y se reía, me dirigí al dormitorio, me arrodillé junto a la cama y oré una sencilla oración:

- Señor, es tu obra la que estoy haciendo. Es tu palabra la que se expone en estos temas. Mira, Señor, el enemigo de Cristo no quiere que estos temas se graben. Reprende al enemigo, que deje ya de molestar. Envía a tus ángeles a este lugar que espanten la presencia maléfica de los ángeles de Satanás. Te lo suplico con toda humildad y sujeción a tu voluntad en el nombre precioso y todopoderoso de Jesús. Amén.

Volví a enchufar la duplicadora, y de allí en adelante no me dio más problemas. Aprendí una lección que debiera haber sabido mucho tiempo antes. Aún para duplicar casetes hay que orar.

Y esta lección también tuvo que aprenderla Francisca Romero, la joven obrera bíblica de la iglesia de Logan Square, en Chicago, unos años más tarde. Al estar en mi casa, duplicando algunos temas grabados para repartir entre sus estudiantes de la Biblia, encontró problemas y sorpresas. Cuando yo regreso a la casa, donde Francisca había quedado sola duplicando casetes, ella me dice: “Pastor, aquí asustan”. “He escuchado ruidos por toda la casa, agua corriendo, pasos y carreras en el piso de arriba y disturbios. Tenía tanto miedo que no podía seguir reproduciendo los casetes. Tuve que orar y pedirle al Señor que me protegiera, y así se detuvieron los disturbios.”

A lo largo de más de 20 años de grabar los sermones y hacerlos disponibles para miles de personas, Dios ha usado este ministerio de una manera extraordinaria. Son literalmente cientos y cientos de almas que el Espíritu Santo ha tocado a través de este método tan sencillo y tan efectivo. Al escribir este capítulo, hay más de 5000 sermones distintos que han sido grabados a lo largo de los años, de todos los temas y propósitos. No es de sorprenderse, pues, que el enemigo de las almas odie estos casetes. Y la historia que relataré a continuación confirma el aborrecimiento que el enemigo despliega contra este ministerio.

Me encontraba celebrando una campaña evangelística en la Iglesia de Logan Square. El viernes por la noche el tema que estaba presentando era “¿Pueden los Vivos Comunicarse con los Muertos?”

A mediados del sermón se oyó un disturbio en las escaleras de la iglesia. Noté que varios hermanos salían apresuradamente del santuario. Más tarde me contarían que un joven de unos 30 años, se había precipitado escaleras abajo cayendo hasta el hall de entrada de la iglesia, echando espuma por la boca. Se había golpeado fuertemente en la caída de las escaleras. Lo habían llevado a la casa de la hermana Jacinta, quien vivía cerca de la iglesia. El hermano Tony Santiago, primer anciano de la iglesia me dijo: “Pastor, tenemos que ir hacia allá. Parece que la situación está grave, el joven que se cayó por las escaleras está poseído de un espíritu maligno, y varios hermanos lo están deteniendo, pero ya no soportan más. Necesitamos ir urgente a orar para que el Señor expulse el demonio de este joven.

Al llegar a la casa, la situación era caótica. El joven, hijo de un hermano de la iglesia, estaba siendo sujetado por 6 o 7 hermanos en el dormitorio de la casa. Un grupo de hermanas oraba en la cocina, ya que era peligroso acercarse pues el hombre profería patadas, golpes y manotazos con una fuerza sobrehumana. Varias veces había azotado contra la pared a los hermanos que procuraban detenerlo. No era que no habían orado, pero el demonio se resistía a dejarlo tranquilo. Incluso uno de los diáconos había increpado al espíritu satánico a que saliese de él y lo dejase tranquilo. Con una voz horrible, como gutural, totalmente diferente a la voz del joven, el demonio habló a través de él.

- Me salgo de él y me meto en tu cuerpo.
Con semejante amenaza el hermano quedó tan impresionado que no se atrevió a seguir sujetando al joven. La hora que transcurrió les pareció un siglo a los demás. Cuando yo llegué a la casa, todavía no entraba ni en la sala, parado en la puerta de entrada oí esa voz horrenda que profería un improperio tras otro. Las palabrotas eran obscenas y ofensivas, como salidas de un diccionario propio de Satanás. Tan pronto como se abrió la puerta, (y el joven no podía ver quien entraba, ya que estaba en el dormitorio), se escuchó la voz horrenda gritando:

- A ti te esperaba, Gambetta, hijo de tal por cual. . .
Y una lluvia de maldiciones siguió, al mismo tiempo que, con una fuerza extraordinaria se desprendía de los hombres que lo estaban sujetando y se precipitaba a la sala, embistiendo a todo el que se le pusiese por delante. Su objetivo era claro: abalanzarse sobre mí y lograr su meta de destrucción. Y el joven era grande, con más de 300 libras de peso. En medio de todos sus improperios, alcancé a entender una frase que saeteó seguida por una risa que helaba los huesos:
- Gambetta, ya te destruí tu reputación. No pararé hasta que no te destruya a ti. Terminaré contigo y con tu familia.
Acto seguido se abalanzó sobre mí. Yo estaba aún parado a la entrada de la casa. Todo sucedió tan rápido que no tuve tiempo de hacer nada. Lo único que atiné fue abrir las Sagradas Escrituras que traía en mis manos. Y en ese mismo momento, al saltar sobre mí, se desplomó tan grande y fuerte como era, con un estruendoso ruido al suelo. Era como si al saltar se hubiese golpeado con una pared, una pared invisible que no le permitió caer sobre mí. Y allí quedó tirado, en medio de la sala, inconsciente.

Los hermanos que estuvieron en la lucha cuerpo a cuerpo con las fuerzas del enemigo me contarían después como el demonio, con voz horrible repetía vez tras vez maldiciones contra los casetes. Era como una fijación, que recurría a cada momento. El odio era contra los sermones grabados.
Tres demonios habían entrado en el pobre joven. Uno era el que hablaba con esa voz horrible. El otro sólo se reía y había un tercero que hablaba con voz de mujer. Uno de los demonios hablaba en inglés y el otro en español. El tercero sólo se reía.

Dios hizo el milagro ese día de librar a Eduardo del poder de Satanás. No fue fácil que salieran de él. Pero en ningún momento entramos en diálogo con el enemigo. No se profirió ninguna orden de salir, ninguna reprensión a Satanás, ninguna confrontación. Tan solo humildes oraciones dirigidas a Cristo, pidiéndole a Él que librara a Eduardo. Y Jesús lo hizo. Él realizó el poderoso milagro y toda la gloria y la honra es para Él.

De la experiencia del diácono que increpó al enemigo demandándole que saliera del joven, a lo que el demonio respondió: “salgo de él y me meto en ti”; aprendimos todos una lección muy importante. No entrar en discusión ni en controversias con el enemigo de Cristo. Él es demasiado poderoso para lidiar nosotros con él. Solo Jesucristo es más poderoso que él, y a Jesús le toca dar la orden, no a nosotros.


El día siguiente Eduardo no recordaba absolutamente nada de lo sucedido. En el hospital de veteranos, donde lo habíamos llevado por los golpes que recibió, no encontraron nada en él. Eduardo mismo nos contaría después como sintió que una fuerza horrible se desprendió del televisor mientras él miraba La Guerra de las Galaxias y entró dentro de él. De allí en adelante no recuerda nada. Semanas más tarde encomendó su vida al Señor y más adelante tuve el privilegio de bautizarlo en la Iglesia Bethel. Desde entonces nunca más ha sido atacado por el enemigo.


Información Extraída de:
http://www.elevangelioeterno.com/images/pdfs/testimonio_6_casetes.pdf
TESTIMONIO N° 4 - EE.UU - Chicago


“UN ÁNGEL MANEJA EL AUTOMOVIL”
Por el Pastor Hugo R. Gambetta

Hay muchas personas que han tenido el privilegio de ver a su ángel guardián, o de comulgar con ángeles del cielo. Hasta el presente, yo nunca he tenido la dicha de ver a mi ángel guardián, pero otras personas sí lo han visto, y me han contado, y muchos han visto a ángeles en relación con el ministerio que Dios me ha dado, así como lo relatado en el capítulo 17 de este libro. Y de eso se trata la historia que sigue.

La gigantesca carpa evangelística se había levantado en un lote de la avenida Fullerton, en el norte de Chicago. Noche tras noches cientos de almas venían a escuchar el mensaje de salvación, y noche tras noche decenas de almas aceptaban la invitación de Cristo a entregarle sus vidas a Él. Especialmente los sábados eran días muy cargados de trabajo a favor de las almas. Desde la mañana temprano estábamos bajo la gran carpa blanca, en el programa de escuela sabática, mientras que los niños estaban en sus respectivas carpas más pequeñas, cuatro carpas donde celebraban sus clases adaptadas a sus edades respectivas. Teníamos también una carpa para el bando de oración, y hermanos entraban y salían durante todo el día, especialmente durante la predicación, para interceder por las almas. Después del culto de adoración, comíamos allí mismo y luego el resto de la tarde nos tocaba atender a decenas de personas que venían pidiendo consejo espiritual y dirección para sus hogares. Teníamos la clase bautismal bajo la carpa y por la noche la conferencia evangelística.

Este sábado en particular, había sido un día glorioso. Además de la clase bautismal y la predicación de la Palabra, tuvimos una maravillosa ceremonia bautismal en la piscina que había sido instalada bajo la gran carpa. Más de 30 almas habían bajado a las aguas, renunciando al mundo y sus caminos pecaminosos, para hacer un pacto de salvación aceptando a Cristo como su Señor y Dios. El enemigo de las almas debe haber estado furioso (Apoc.12:12), pues muchas almas le habían sido arrebatadas de su reino, como “tizones escapados del incendio” (Amós 4:11; Judas 23).

De regreso camino a la casa, un trayecto de casi una hora de viaje, iba solo manejando el automóvil, exhausto por el día agotador, pero gozoso y satisfecho, repasando mentalmente los felices eventos de ese día. Faltando tan sólo unas dos millas para llegar a destino, el sueño me venció y quedé dormido tras el volante, transitando por la autopista 394 hacia el sur.

Esta autopista de cuatro carriles, dos en dirección sur y dos en dirección norte, está dividida al centro por varios metros de césped con una hondonada. Lo último que recuerdo es haberme detenido en un semáforo con la luz roja. No recuerdo cuándo avancé ni nada más de allí en adelante. Cuando me desperté, media milla más adelante, el automóvil estaba en medio de una plantación de maíz, totalmente cubierto por el maizal ya bien alto, por ser mediados del otoño. El automóvil estaba aún con el motor encendido, pero detenido y totalmente rodeado por la milpa. Miré alrededor, no parecía haber chocado, el auto no mostraba señales de choque ni tampoco a mí me dolía nada. Traté de abrir la puerta y tuve que empujar para hacer a un lado las altas plantas de maíz.

En ese momento vi que un carro se detenía arriba, en la carretera, sus luces dirigidas hacia donde yo estaba. Comencé a caminar hacia la carretera, en medio del maizal y dos damas, vestidas de blanco se adelantaron a recibirme. Eran dos enfermeras que acababan de salir de su turno en el hospital St. James y regresaban a su casa.

- ¿Se encuentra usted bien? – preguntaron las enfermeras.
- Creo que sí, no me duele nada. Estoy bien.
- ¡Qué tremendo susto nos ha dado! – dijo una de ellas. –Veníamos por la carretera dirigiéndonos hacia el norte, cuando las luces de su carro atravesaron la medianera y se abalanzaron por la carretera en sentido contrario. Su automóvil se dirigía directamente hacia el nuestro, avanzando de frente hacia nosotros en sentido contrario. Tratamos de evitarlo pero el carro se abalanzaba directamente hacia nosotros.
- ¿Usted cree en los ángeles? – interrumpió la otra enfermera. ¿Cree en los ángeles?
- ¡Oh sí, por supuesto que creo en los ángeles! ¡Soy cristiano! -respondí de inmediato.
- ¿De verdad cree en los ángeles? –insistió la enfermera que estaba haciendo el relato de lo sucedido.
- ¡Sí, sí, creo en los ángeles de Dios! – respondí ahora más interesado en lo que querían decirme.
- Pues si usted cree, le vamos a contar lo que vimos. Las dos lo vimos al mismo tiempo. Cuando las luces de nuestro carro iluminaron el interior de su vehículo a escasos metros de distancia, le vimos a usted con la cabeza inclinada sobre el volante, como si estuviese dormido o como si hubiese tenido un desmayo. Su carro venía directo hacia el nuestro, a impactarse de frente.
- Tratamos de desviarnos pero su carro se desvió hacia el mismo lugar y ya no daba tiempo a nada más – terció la otra enfermera.
- En ese mismo instante una luz muy brillante iluminó todo el interior de su carro. Era tan brillante que parecía de día. La luz se abalanzó sobre el timón del carro y en una maniobra rápida y precisa desvió el automóvil virando hacia la izquierda. Su automóvil volvió a cruzar la medianera y se internó en el maizal. ¡Era un poderoso ángel del Señor! ¡Él tomó el volante y maniobró su carro! ¡Nosotras lo vimos! ¡Un ángel iba al volante de su carro!
- El susto fue grande, pero después de hacernos a un lado, al costado de la carretera para recobrar la compostura, decidimos de inmediato ir más adelante y virar hacia atrás para venir a ver cómo se encontraba usted. ¡Y usted está bien! ¡El ángel del Señor nos salvó la vida, a usted y también a nosotras!

Mi vehículo había cruzado dos veces la medianera de grama, que tiene una hondonada, había bajado por la banquina y se había metido en el maizal, y yo, ni siquiera me había despertado con todo ese sacudón y todo ese trajín. ¡Y mi ángel guardián había tomado el control del manubrio y había guiado el carro fuera de la carretera, a un lugar seguro! ¡Y pensar que no lo pude ver porque estaba dormido!

Llegué el próximo día a la carpa sin haber sacado las hojas de maíz que se habían enganchado en el frente y los costados del carro, para que los hermanos viesen las muestras de lo que podría haber sido un accidente de frente con terribles consecuencias, pero que Dios evitó para gloria de su nombre. Relaté a la hermandad y a las visitas del cuidado tierno de nuestro Señor para con cada uno de sus hijos, y cómo el Señor envía a sus ángeles a guardarnos en todos nuestros caminos (Salmo 91:11). Lo que podría haber sido el fin de las conferencias y aún el fin de mi ministerio, el Señor lo usó para traer gloria a su nombre y testimonio de su poder a muchos. En verdad “el Ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende.” (Salmo 34:7)

Pero también aprendí otra lección ese día, y es que no debemos abusar de la misericordia divina. No debemos trabajar tanto, que quedemos exhaustos y nos durmamos tras el volante. Ni aún sirviendo en la misma obra del Señor. No debemos dar trabajo extra a los ángeles del Señor. Hemos de ser temperantes en todo.

NOTA: Este testimonio fue tomado del Capítulo 25 del libro MILAGROS EN MI FAMILIA, del Pastor Hugo Gambetta.


Información Extraída de:
http://www.elevangelioeterno.com/images/pdfs/testimonio_4_automobil.pdf
TESTIMONIO N° 3 - MEXICO - Desde el Estado de Guerrero

“EXPULSADA DE LA IGLESIA”
Por el Pastor Hugo R. Gambetta
MAITÉ LANDA es una joven llena de entusiasmo y muy inquisidora. Le gusta leer, estudiar, trabajar y pasear. Se crió y educó en un hogar muy católico en un pequeño poblado del estado de Guerrero, México, llamado Buena Vista de Cuellar. Desde niña acostumbraba a asistir asiduamente a misa cada domingo, junto a su madre, su hermana Angélica y sus amigas. Por años le tocó oír misa en latín, así que cuando la Iglesia Católica cambió la liturgia para ofrecer misa en español, Maité se alegró pues ahora podía entender lo que el sacerdote decía. Pero lo que más le gustaba de la misa, era la lectura de las Sagradas Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. Tanto le fascinaba que decidió comprar una Biblia para leerla en su casa. Junto a la Iglesia Católica, en la librería parroquial, consiguió el tesoro que anhelaba.
Dio inicio a la lectura del Libro Santo con avidez. Las historias de la Creación, el Diluvio, y la familia de Abraham, Isaac y Jacob le atrajeron de inmediato. Pero su favorita fue la historia de José. Al llegar al libro de Éxodo, su atención se concentró en el capítulo 20: Los 10Mandamientos de la Santa Ley de Dios – Click Aquí
Maité suponía que los diez mandamientos que había aprendido cuando se preparaba en la catequesis para tomar su primera que había un cambio considerable entre los mandamientos del catecismo y los que Dios había promulgado, registrado en Su Palabra.
Lo que más le impactó fue la eliminación del segundo mandamiento de la ley de Dios, el referente a las imágenes, y el cambio radical en el cuarto mandamiento, mandando a santificar las fiestas, siendo que el Creador estableció el sábado como recordativo de su poder creador. Después de haber leído esto, ya no pudo aguantar más.
http://Cristianos-Adventistas.Tk
El próximo domingo, en plena misa, se puso en pie en la Iglesia parroquial de su pueblo e increpó al sacerdote frente a toda la congregación:
- Padre, ¿podría usted decirme por qué los mandamientos están cambiados en el catecismo con relación a las Santas Escrituras? ¿Por qué está quitado el segundo mandamiento, que prohíbe el culto a las imágenes?
Esto tomó por sorpresa al cura párroco, quien solicitó a Maité sentarse y hablar con él terminada la misa. Maité no es de las que se amilana, y además tenía el propósito de que toda la gente supiese la verdad:
- Señor padre, déjeme hablar por favor. Se lo ruego.
- ¡Que te sientes, te dije! - Increpó con autoridad el cura.
- Ni me siento, ni dejo de hablar. ¿Por qué nos han engañado? ¿Acaso no dice el mandamiento de Dios que no debemos tener imágenes ni postrarnos ante ellas? ¿Qué son todas esas imágenes que hay alrededor por toda la Iglesia? ¡Es idolatría! ¿Cómo pueden engañarnos de esa manera?
- Ya te dije que te sientes y que vengas a mi oficina después de terminada la misa, pero no puedes seguir interrumpiendo – altercó el padre.
-Mire, todavía no he terminado. ¿Y qué del mandamiento del sábado? ¿Por qué nos enseñan a guardar el domingo, cuando Dios manda en su santa ley que se santifique el sábado?
- ¡Te sientas y te callas o te hago sacar de la Iglesia por la fuerza!
- Pero padre, déjeme hablar. Yo he encontrado una cantidad de cosas en la Palabra del Señor que ustedes no nos enseñan y otro montón que las han cambiado.
Para entonces, dos ayudantes del sacerdote estaban junto a Maite, tomándola de ambos brazos para sacarla fuera. Como ella se dio cuenta que no podría seguir hablando, tranquilamente se sentó y esperó a que terminase la misa para ir a dialogar con el cura. ¡Y qué diálogo fue aquel!
- Has estado escuchando a herejes, ¿no es verdad? Increpó el sacerdote.
- He estado leyendo la Biblia, respondió Maité.
- Seguro la Biblia de los protestantes.
- No, señor cura - aseguró Maite – la Biblia que compré aquí en la parroquia.
- ¡Déjamela ver! Demandó el cura. Al cerciorarse que era la Biblia católica, entonces reprendió fuertemente a Maité.
- ¡No se te ocurra hacerme esto otra vez! ¡Interrumpirme en plena misa para esparcir tus herejías!
- ¿Lo que dice la Palabra de Dios es herejía? preguntó asombrada Maité. El cura párroco le explicó que no tenía nada de malo tener imágenes, siempre que no se adoraran. Solo sirven para recordarnos a los santos, así como tú pones una foto de tus padres para recordarlos, le dijo el cura. Nada tiene de malo. Dios nos dio permiso.
- Pero el mandamiento dice “No harás para ti imagen, ni escultura alguna, ni de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra.”
- El magisterio de la Iglesia es el que interpreta correctamente las Escrituras. Si la Iglesia dice que no tiene nada de malo tener imágenes, siempre que no las adoremos, entonces está bien.
- ¿Y qué es lo que hacemos todos al arrodillarnos y rezarle a las imágenes? ¿Acaso no les prendemos veladoras? ¿No es eso acaso adorarlas? pregunta Maité.
- No le rezamos a las imágenes. Les pedimos a los santos que ellas representan. Las imágenes nos ayudan a pensar en los santos a quienes les rezamos.
- Además,“latría” (adoración) solo se le rinde a Dios. A las imágenes les damos “dulía” (veneración), dice el cura:
- Bonita explicación para justificar la desobediencia al mandamiento de Dios, replica Maité.
-¿Y qué del sábado? ¿No manda acaso el mandamiento guardar el sábado, y no el domingo?
- Ya veo que eres terca y atrevida. Guardamos el domingo en honor de la resurrección de Cristo, quien resucitó en domingo. Le pedimos permiso a Dios para cambiar ese mandamiento en honor a Cristo, y él se lo concedió a su Iglesia. Dios nos dio
La licencia para hacerlo. La tradición de la
Iglesia así lo confirma.
- Dios no cambia. Si Jesús mismo no lo cambió, ¿cómo habría Él de darle licencia a la Iglesia para violar su propia ley? Ya Jesús lo decía “bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.” Marcos 7:8 – contestó valientemente Maité.
¡No me digas que no has andado escuchando a los sabatistas! Esos herejes andan pervirtiendo a la gente y enseñando doctrinas falsas.
Maité no sabía que siquiera existieran cristianos que guardaban el sábado. Pero esto le despertó el interés por averiguar más. La conversación con el sacerdote no terminó muy bien. Este le demandó que nunca más volviera a interrumpir la misa. Y cuando Maité le dijo que tenía derecho a expresar lo que dice la Biblia, la amenazó con sacarla a la fuerza y expulsarla de la Iglesia.
- Si sigues con esas ideas te prohíbo que sigas viniendo a la Iglesia. Quedas expulsada.
Mientras Maité le contaba a su cuñada la conversación tan increíble que había tenido con el cura, y cómo éste la había expulsado de la Iglesia, Graciela le dijo:
- Mi hermana Sandra, que vive en Chicago, asiste a una Iglesia que guardan el sábado. Son cristianos y leen la Biblia. Me enviaron unos temas grabados, si quieres te los presto para que tú los escuches.
Pero la alegría fue completa cuando Graciela le dijo a Maité que el mismo pastor que predicaba en las grabaciones que le había prestado, tendría un ciclo de conferencias en Morelos. Maité de inmediato se anotó para ir a las reuniones. Y Maité fue una de las personas que vio los “guardias de seguridad” que acompañaban al pastor Gambetta dondequiera que él iba. (Por favor lea el Testimonio N° 2 “Una Guarnición de Ángeles Guardianes”).
Por cierto, Graciela, cuñada de Maité y hermana de Sandra Morales de Millán, también tuvo un sueño impresionante sobre la Segunda Venida de Cristo. Pero esto será para otra historia.
Cuando la hermana Adelina Sánchez recibió la llamada telefónica del Pastor Gambetta solicitándole que por favor visitara a la familia Millán en Buena Vista de Cuellar, ese mismo día partió hacia Guerrero. Cada lunes por la tarde un precioso grupo de personas se reúnen en esa ciudad para estudiar la Palabra de Dios, y ver los videos de El Evangelio Eterno. Ella invita a otras personas a asistir al estudio bíblico. Invita a sus amigas de la Iglesia Católica y a sus familiares. Por primera vez en Buena Vista hay un grupo de estudio de la Biblia aprendiendo el precioso mensaje Adventista.
Maité todavía no se ha bautizado, pero ya no vende comida frente a la Iglesia en las fiestas patronales ni en semana santa. Ahora Dios la está usando para traer a otras almas a sus pies. Cuando se forme la primera Iglesia Adventista en Buena Vista, que será la primera Iglesia no católica en todo el pueblo.
Dios tiene muchas maneras de guiar a sus hijos sinceros a encontrar la verdad. Acompáñanos a orar por Maite, por la familia Millán, por la obra en Buena Vista, Guerrero, y por tantos otros lugares que nunca han tenido la oportunidad de oír este último mensaje de salvación. Jesús no cerrará su obra mediadora hasta que toda alma haya tenido la oportunidad de escuchar y hacer su decisión a favor o en contra de la verdad. Aún si Su Espíritu tiene que impeler a una joven católica a proclamar en plena misa que las imágenes son idolatría y que el Sábado es el verdadero Día de Reposo, y no el domingo.
“Habrá muchos que saldrán de las filas del mundo, de las diferentes Iglesias – aún de la Iglesia Católica - , cuyo celo excederá en mucho al de los que han estado hasta ahora en las filas para proclamar la verdad.” Mensajes Selectos, Tomo 3, p. 441
“En todo el mundo, hay hombres y mujeres que miran fijamente al cielo. Oraciones, lágrimas e interrogaciones brotan de las almas anhelosas de luz en súplica de gracia y de la recepción del Espíritu Santo. Muchos están en el umbral del reino esperando únicamente ser incorporados a él.”
Los Hechos de los Apóstoles, pág. 80.
El Pasaje de las Escrituras que más impresionó a Maité Landa
SALMO 115
“Los ídolos de ellos
son de plata y oro,
Obra de manos de hombres.
Tienen boca, mas no hablan;
Tienen ojos, mas no ven;
Orejas tienen, mas no oyen;
Tienen narices, mas no huelen;
Manos tienen, mas no palpan;
Tienen pies, mas no andan;
No hablan con su garganta.
Semejantes a ellos
son los que los hacen,
y cualquiera que confía en ellos.”

Información Extraída de:
http://www.elevangelioeterno.com/images/pdfs/testimonio_2_expulsada.pdf
TESTIMONIO N° 2 - MEXICO - Campaña en Cuernavaca, Morelos
“UNA GUARNICIÓN DE ÁNGELES GUARDIANES”
Por el Pastor Hugo R. Gambetta
Hacía más de dos años que los hermanos de Puente de Ixla, nos estaban invitando a celebrar una campaña evangelística en Morelos. La última vez que tuvimos el privilegio de predicar el Mensaje de los Tres Ángeles en Cuernavaca, fue en el año 1998. En esa oportunidad, como muchos de ustedes recordarán, dirigentes de la Iglesia pusieron una querella en gobernación contra este servidor, tratando de impedir que se tuviera la campaña Evangelística. Nos tocó presentarnos ante las oficinas de secretaría de estado. Dios utilizó a un Pastor Pentecostal, el hermano Lázaro y al jefe de la cámara de diputados (un católico), para defender su causa y concederme quedar en libertad de continuar con la predicación sin mayor obstáculo. (A propósito, el hermano Lázaro estuvo con nosotros esta vez también, siempre firme en los caminos del Señor).
Esta vez, se hicieron planes para celebrar la campaña en un auditorio de la Iglesia Pentecostal en Acatlipa, a un lado de Cuernavaca, Iglesia que atiende el Pastor Saúl Arillo; auditorio con capacidad para más de mil personas. Unos días antes del inicio de la campaña, los dirigentes de la Organización Adventista se reunieron con el Pastor Arillo para tratar de impedir que se realizaran las reuniones. Le dieron informes muy negativos insinuando que si el Pastor nos prestaba el auditorio se metería en graves problemas con gobernación. El Pastor Pentecostal se desanimó y no invitó a su Iglesia a asistir, pero por respeto al contrato que la hermana Adelina García había hecho con él, y por su sentido de justicia, decidió cedernos el uso del auditorio.
Debido a las amenazas de los dirigentes los hermanos Adventistas, estaban preocupados por la seguridad del Predicador y las reuniones. Se les animó a no temer y seguir adelante con todos los planes. De más está decir que el auditorio se llenó cada noche a capacidad y cientos de almas aceptaron al Señor y su último mensaje de misericordia. La campaña se celebró del 23 al 27 de Noviembre de 2005.
Entre las personas que asistieron la primera noche se hallaban miembros de la familia Millán, que viajaron desde el estado de Guerrero para escuchar los temas. Toda esta familia es muy católica. En el pueblo de Buenavista, Guerrero, no hay Iglesias de ningún otro credo, sólo la Iglesia Popular. Esta familia fue invitada por Pedro Millán, un familiar que aceptó el Mensaje Adventista en Chicago, a través del ministerio “El Evangelio Eterno”, y es miembro de la Iglesia de Chicago Heights, en Illinois. Él llamó a su familia por teléfono y los instó a asistir.

Al regresar a Chicago, el Pastor Gambetta preguntó a Pedro cómo le habían gustado las reuniones a su familia. - “Algunos las recibieron muy bien, pero otros, por ser católicos acérrimos, sintieron que el Mensaje era bastante fuerte”, contestó Pedro; a lo que añadió: “Mi hermano César, que asistió a las reuniones, regresó impresionado y también perplejo. ¿Por qué tenía el Pastor Gambetta tantos guardias de seguridad que lo acompañaban dondequiera que él iba?”

- ¿Qué guardias?, le pregunta el pastor Gambetta. “Muchos guardias de seguridad uniformados.”
Le expliqué que no había ningún guardia de seguridad, a lo que me contestó: “mi familia los vio.”
- “Serían ángeles”, le dije, “pues no teníamos ningún guardia con nosotros.”
Decidimos llamar y hablar directamente con César, el hermano de Pedro, a Guerrero. Pedro lo consiguió al día siguiente y pudimos platicar. Nuevamente la pregunta surgió:
- “¿Por qué andaba usted con tantos guardias de seguridad?”
César me explicó que al regresar a su hogar después de la reunión iban comentando en el carro del despliegue de seguridad.
- “Había guardias en torno suyo desde que bajó del carro, lo rodeaban continuamente y no permitían que nadie se le acercase. Dentro del auditorio había guardias por todas partes: a la entrada, en los pasillos, en las paredes de los costados y el fondo, apostados a cada ciertos espacios. Hasta había guardias uniformados en la plataforma, cuando usted predicaba. Cuando usted se movía a un lado, ellos se movían con usted, y cuando usted se movía al otro lado de la plataforma, allí se movían ellos también.”

César estaba convencido que eran guardias de seguridad que habían sido contratados para ello. Pedro le preguntó a su hermano César: - “¿No serían los diáconos que estaban uniformados?”, a lo que César replicó: “Yo sé quiénes eran los diáconos, todos con corbata, que pasaban las Biblias, pero estos eran “guardias de seguridad con sus uniformes”.
Traté de explicar a César que no teníamos ningún guardia de seguridad en las reuniones, y él me dijo: “Oiga, ¿por qué lo niega? Si todos los vimos.” Le dije que lo que él había visto eran ángeles de Dios, no guardias de seguridad, y que posiblemente las demás personas pre-sentes no los habían visto, sino lo hubieran mencionado.
Y entonces César me dijo: “Si eran ángeles, como usted dice, entonces ¿por qué estaban todos uniformados de guardias?” Le expliqué que cuando el Ángel del Señor se apareció a Josué (Josué 5:13-15) iba vestido como soldado con espada desenvainada, tanto que Josué le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Lo llevé a 2da de Reyes 6, la historia de Eliseo y los ejércitos sirios, y cómo el Señor abrió los ojos del siervo de Eliseo para que pudiese ver los ejércitos celestiales que rodeaban a Eliseo como soldados de a caballo con carros de fuego.
César se quedó un largo rato silencioso. Le dije: “Dios te ha dado un privilegio muy grande, de ver a sus santos ángeles como una guarnición (compañía) de guardias. Por eso se les llama ángeles guardianes.” Me dijo: “Estaban en todas partes, hasta en la calle apostados, en el estacionamiento y dondequiera. Por eso no nos acercamos a saludarlo.”

-“Dios te ha escogido para que conozcas su verdad, por eso te ha dado ese privilegio”, le aseguré. No sólo él los vio, sino también otros miembros de su familia. Entre ellos estaban su hermana, y otra joven de la familia, llamada Maité.
Por cierto, Maité tiene otro tremendo testimonio que contar. Eso será en próxima carta. Vamos a filmar estos testimonios para que ustedes puedan escucharlos de sus propios labios y conocerlos por la filmación. Maité se levantó en plena misa e increpó al sacerdote sobre el engaño de la iglesia y la verdad de la Palabra de Dios. Pero eso para la próxima carta, porque aún el testimonio de “Guarniciones de Ángeles” no se acaba.
El viernes 9 de Diciembre de 2005 estaba relatando esta historia en la iglesia de “El Evangelio Eterno”, en Huntington Park, California, cuando el hermano Armando Rubí tomó el micrófono y contó otra parte de este testimonio que valida lo arriba mencionado. La hermana Adelina desde Morelos habló con Armando para contarle que la habían citado a una reunión en la iglesia donde ella es miembro, para tratar su nombre y disciplinarla por haber sido una de las organizadoras del evento.

El hermano Rubí le pidió el nombre del pastor distrital y su número telefónico. Habló con él y le explicó que el ministerio de El Evangelio Eterno no era un ministerio disidente, sino de apoyo para la iglesia adventista. Que él mismo había acompañado al pastor Gambetta a Cuernavaca siendo anciano de iglesia en California, y que todos somos miembros de la iglesia. El pastor Josué le agradeció la llamada, diciendo que estaba orando porque sabía que la hermana Adelina es una misionera de muchos años en la iglesia, y él no quería cometer una injusticia. Le aseguró que no la borrarían de la iglesia. El hermano Rubí le pidió que él mismo apoyase el próximo evento, una gran campaña a realizarse en Cuernavaca en un estadio el próximo año.
Le dijo: “Pastor Josué, venga usted a bautizar las almas que se conviertan, ya que serán miembros de sus iglesias. Nosotros no estamos formando ninguna iglesia aparte.” El pastor le platicó que los dirigentes le habían informado que el pastor Gambetta venía a México a organizar iglesias disidentes. Al final de la conversación, el pastor Josué le dijo: “Dígale al pastor Gambetta que cuando venga no tiene que venir acompañado de tantos guardias.” El hermano Rubí pensó que había escuchado la historia, pero el pastor pasó a explicarle que él mismo había enviado a varios “espías”, ancianos de la iglesia a observar y traerle un informe. Ellos fueron los que le contaron de los “guaruras”, que había mucha vigilancia y muchos guardias. El pastor informó a los dirigentes de la Asociación y le recomendaron que no fuese, ya que había tantos guardias.

No solamente César y su familia católica de Guerrero vieron la guarnición de ángeles, también los ancianos enviados por el pastor Josué los vieron. El hermano Rubí le aseguró que no había ningún guardia de seguridad uniformado contratado por nosotros, sino que serían ángeles del Señor. Dios tuvo a bien confirmar este testimonio por otra fuente independiente. ¡Bendito sea el nombre del Señor!
He aquí algunas promesas de la Palabra de Dios sobre el ministerio abnegado de los santos ángeles:

Salmo 34:7 “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.”
Salmo 91:11 “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.”
Hebreos 1:14 “¿No son todos [los ángeles] espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”
“En el período final de la historia de esta tierra, el Señor obrará poderosamente en favor de aquellos que se mantengan firmemente por lo recto. Los protegerán ángeles excelsos en fortaleza.” La Verdad Acerca de los Ángeles, p. 266.
TESTIMONIO Nº 1 - BOLIVIA - Campaña Evangelística "La Esperanza es Jesús"
CANTAR VERSUS ALABAR

Testimonio de Sandra Catherine Molina

Un día, Sandra Catherine, conocida en el mundo artístico como “Taya”, una exitosa joven cantante y conductora de programas de televisión de Bolivia. En el mejor momento de su carrera le dijo a los aplausos, el éxito, la fama y a Satanás: prefiero a mi Cristo. "La Esperanza es Jesús" es el lema de una conferencias dirigidas por el pastor Alejandro Bullón, a las cuales es invitada y donde el Espíritu Santo habla a su corazón.

Siempre me gustó cantar, desde que tengo uso de razón ya cantaba, en ese entonces no contaba con el apoyo de mi familia, puesto que cantar en el mundo tiene muchos riesgos por el entorno, y mi familia al ser tan conservadora no le agradaba la idea.

Pero mi sueño era cantar, hacer televisión, ser actriz, soñaba despierta, así que decidí luchar por mis sueños, empecé en un coro “La Sociedad Coral Boliviana” eso no resultaba peligroso para mi familia, así que me dejaron, pero yo quería más, así que empecé a participar en varios concursos de canto, realicé algunas grabaciones caseras y las envié a varias productoras pero no hubo respuesta. Hasta que un día participé en un concurso de medios de comunicación, representando a una radio, sacamos un tercer lugar, la verdad para mi ya era algo, a raíz de ese concurso me invitaron a participar en un CD con todos los ganadores, fue un privilegio y un trampolín para poder grabar uno mío más adelante, para entonces mi familia decidió aceptar lo que hacía.

Salió un primer CD para sorpresa mía y de mi familia me fue bien! No lo esperábamos, luego vino un segundo y un tercero, la música me sirvió de trampolín para llegar a la televisión, siendo conductora de 2 programas televisivos.

Muchas cosas pasaron que me empujaron a buscar a Dios, y un 14 de septiembre del 2002 decidí bautizarme, deje todo lo que hasta ese momento era el motor que me impulsaba a seguir, apareció algo único en mi vida “Jesús” me lleno y estuve conociéndolo durante casi 3 años, estudiando su palabra, quería cantar pero no sabía como, encontraba mucha diferencia entre la Música Cristiana Adventista y la secular, así que le pedí al Señor que me enseñe y cuando el decida que haga música me lo muestre de forma muy clara.

En esos tres años recibí varias ofertas para grabar música Cristiana, pero ninguna parecía del Señor, porque era con músicos seculares, así que decidí esperar, al cabo de los 3 años y un par de meses Dios decidió que grave y esta vez venía de él porque la Unión Boliviana patrocinaría el material, no podía creerlo valió la pena la espera!.

Salio el primer material “Prefiero Mi Cristo” y me di cuenta que todo el tiempo que no cante, el Señor trabajo en mi una etapa de desaprender, porque definitivamente no es igual, cantar en el mundo y alabar a Dios son 2 cosas totalmente distintas.

Para alabar al Señor necesitas su Espíritu Santo, y reflejar en un lenguaje verbal y no verbal su amor, necesitas morir al yo, para ser usado con poder, ya no eres tu! En fin al principio temblaba sentía temor de que me salga un movimiento desubicado, ore mucho para cambiar hasta la mirada que tenía! ¡Pero lo hermoso es que el Señor Jesús obro! Y hoy no hay punto de comparación entre mis videos de antes a los de ahora! Alabo al Señor por eso y lo único que le pido es que me siga puliendo y este don sea sólo para su gloria.

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